LA GRANJA DE VIOLETA
CAPÍTULO 5
—Esto es posible —murmuró para sí misma mientras anotaba los gastos en alimentación, medicamentos y el mantenimiento de la infraestructura de la granja.
También trazó un presupuesto que le permitiría manejar imprevistos, algo que quedó grabado en su mente tras los desafíos financieros que enfrentó mientras trabajaba en la ciudad. Con cada cifra que ingresaba en su hoja de cálculo, un sentido de control y confianza crecía dentro de ella. Finalmente, hizo una reflexión sobre lo que significaba para su familia. La recuperación de sus padres, Carmen y Julián, le había enseñado lo frágiles que pueden ser los momentos en la vida, y esto la motivaba aún más a construir un futuro estable y próspero.
Además, no podía dejar de pensar en su amigo del alma, Michael, un hombre homosexual que se había convertido en su hermano y quien había sido su apoyo incondicional durante los momentos difíciles que pasó con su marido. Él siempre había creído en ella, en su capacidad para levantarse y emprender un nuevo camino. En más de una ocasión, juntos habían compartido risas y lágrimas mientras hablaban sobre sus sueños. Ahora, con Violeta tomando las riendas de la granja, se imaginaba cómo podría involucrar a Michael en esta nueva etapa. “Quizás él pueda ayudarme a crear un espacio para talleres de cría de ovejas”. Con ese sueño en mente, se sintió iluminada por la visión de una granja donde no solo producirían, sino también educarían a otros sobre el valor de la agricultura sostenible.
Los días se transformaron en semanas mientras Violeta dedicaba cada momento posible a su plan. Sin embargo, no todo era fácil. Recorría el campo cada mañana para familiarizarse con el terreno, soñando con el día en que pudiera ver a sus ovejas pastar en los vastos prados. Aunque había momentos de duda, pasear por la granja, sintiendo la textura de la tierra y escuchando el sonido de las hojas mientras el viento soplaba, le recordaba que había elegido un camino lleno de significado.
Un día, mientras trabajaba en la desmalezadora en un campo que había estado en desuso, vio a Julián y Carmen, agarrados de la mano como si fueran dos tortolitos enamorados, acercarse.
—Estoy impresionado con todo el trabajo que has hecho —le dijo, con una sonrisa de orgullo que iluminó su rostro. Su apoyo le otorgaba la confianza que necesitaba.
—Ya falta poco para que esto sea una realidad —confesó Carmen—. Estamos contigo en cada paso del camino, querida hija.
—Gracias. Nos vamos a levantar, y va a ser nuestro esfuerzo, nuestra granja. Vamos a hacer algo hermoso aquí —respondió Violeta.
Ambos comenzaron a planificar juntos, soñando con el futuro que les esperaba: una explotación ovina que no solo dignificara sus raíces familiares, sino que también les permitiera contribuir a su comunidad y crear nuevos empleos y un legado que perdurara.
La visión de su negocio se iba cerniendo sobre la ciudad de Idaho; con cada hoja de su plan empresarial, dibujaba la historia de lo que sería Ovejas de Violeta. Mientras el sol se ponía en lo alto de la granja, su corazón latía al unísono con un nuevo comienzo. Así, con el respaldo de su familia y su historia, Violeta dio los primeros pasos hacia su sueño, confiando en que el camino estaba lleno de bendiciones inesperadas que se mantenían dentro de una caja de Pandora. El destino siempre es crucial para todo aquel que esté dispuesto a enfrentar los sueños que se posan dentro de cada ser humano.