EL GUERRERO
Capítulo 4
Cuando todo había terminado, un espíritu apareció frente a nosotros, reclamando lo que le pertenecía. Abriendo el libro, pronunció unas palabras y todo a nuestro alrededor se sumió en tinieblas. Desde el cielo descendió el poderoso Dios de la luz brillante, mientras el espíritu de la mujer tomaba forma humana. Se le entregaron unas cadenas de fuego, que poseían el poder del león de la venganza. En ese instante, fue nombrada Vera.
La luz brillante nos dirigió la palabra:
—Solo les queda una cosa por hacer: derrotar a Venus, quien es la puerta a la realidad.
—¿Y dónde lo encontramos? —preguntó John.
—No se preocupen por eso. Tan pronto como el libro se cierre y desaparezca, él vendrá por ustedes. Pero les advierto que, si uno de ustedes muere en la batalla, jamás podrán regresar a su vida real.
Entonces, Vera se adentró en el libro, acompañada por el Dios de la luz brillante, y hubo una gran explosión de luz. Desde el cielo comenzaron a descender montones de guerreros como los que habíamos conocido al principio, y se sepultaron en el libro, que pronto se cerró y comenzó a desvanecerse.
Todo se sumió en la oscuridad y un gran temblor sacudió la tierra. De ella fue expulsado Venus, y el cielo se tiñó de rojo vivo. John y yo salimos disparados por el aire ante la potencia de los vientos que emanaba de la bestia. John se transformó en un gigantesco monstruo y juntos nos abalanzamos sobre el demonio, comenzando a golpearlo. Se encargaba de su rostro mientras yo atacaba sus piernas, pero pronto Venus logró agarrar a mi amigo por el cuello y le machacó la cara con uno de sus ataques.
De su espalda emergieron múltiples brazos, cada uno sosteniendo un martillo. Ambos impactaron en la cara de John mientras yo luchaba por escalar sus piernas viscosas. Al llegar a sus rodillas, hundí mi espada en su carne, y Venus comenzó a tambalearse, inclinándose hacia el suelo. John logró liberarse antes de recibir un segundo golpe de martillo. Desesperado, sacó un hacha envuelta en llamas, pero mientras se preparaba para atacar, Venus le asestó un golpe que le arrancó un brazo. John observó cómo la sangre brotaba de su herida y decidió retroceder.
Vi el arma que Venus había utilizado y decidí liberar al dragón. Con agilidad, la criatura se aferró a la lengua afilada de la bestia. Rápidamente, usé el mismo método en la segunda rodilla, y Venus comenzó a inclinarse. John aprovechó ese momento de debilidad y lanzó su hacha hacia el cuello, logrando que Venus quedara decapitado. Pero, justo cuando parecía derrotado, la bestia me agarró con su mano y me exprimió, lanzándome hacia John, quien corría para acabar con su vida.
Sintiendo la muerte cerca, Venus abrió unas alas y trató de huir por donde había aparecido. Sin embargo, John no me permitió seguir a Venus. Con gratitud, me agradeció por estar a su lado en esa batalla inolvidable que lo convertiría en un héroe. Luego, despidiéndose, se lanzó con su caballo de fuego hacia el agujero.
Después de un largo rato, el portal apareció frente a mí y comprendí que todo había terminado para mi buen amigo. John dejó un vacío inmenso en mi vida, pues no solo era mi amigo; era el hermano que nunca tuve.
El balcón de mi casa es sagrado para mí. Así lo quiso el Dios de la luz brillante, dándome la misericordia de esperar a mi querido amigo John. En pocos segundos, pasará a recogerme y me llevará a mi morada. Puedo verlo acercarse, conduciendo una carreta dorada bañada en fuego, pero a la vez brillante como un zafiro. La carreta se detiene frente a mi balcón, y las puertas se abren. Una mano se extiende, mientras su voz resuena en el aire.
—¿Vienes o te quedas?
No lo pienso ni un instante. Con un pequeño salto, me encuentro tomando la mano de mi buen amigo, quien me regala una sonrisa que se ve acompañada por las sonrisas de Vera y de Trabón…